Vaca Muerta. Se despierta el gigante que va por el milagro

AÑELO, NEUQUÉN. – Al país le cayó del cielo un regalo que está debajo de la tierra. Puesta a elegir un tesoro natural, una fuente casi inagotable de recursos, acaso la Argentina se hubiese inclinado por extender hasta los confines la pampa húmeda, su mayor activo económico. Pero el tesoro, mucho mayor, estaba aquí, en el subsuelo de estas tierras remotas y desérticas con apariencia de paisaje lunar.

Vaca Muerta, un yacimiento que abarca cuatro provincias (Neuquén, Río Negro, La Pampa y Mendoza: la superficie de Bélgica), primero fue una sorpresa: de un día para otro, en 2013, se supo que esa formación rocosa era la segunda reserva mundial de gas y la cuarta de petróleo no convencionales. Enseguida fue, por eso, una promesa de prosperidad casi infinita: los recursos equivalían, en ese momento, a 20 veces el PBI argentino -hoy, a 10, por la baja del precio del crudo- y a más de 300 años de consumo de energía.

Después se convirtió en un desafío tecnológico y económico, porque el modo de extracción de esos combustibles, fracturar la roca mediante agua y arena a presión (el fracking), es complejo y caro.

En rigor, Vaca Muerta es materia de controversia en Buenos Aires. No en la ciudad de Neuquén y mucho menos acá, en la polvorienta Añelo, donde nadie discute ni la capacidad de la cuenca ni que lo que era una promesa se está convirtiendo en realidad

Y ahora mismo es fuente de polémica: mientras que las cifras muestran un desarrollo apenas embrionario, e incluso algunos hablan de subexplotación, otros prefieren ver el despegue de los últimos años, sostienen que hubo un gran salto y se ilusionan, incluso más que en 2013, con un cambio de paradigma en el país. De importador neto de energía a exportador. De una economía basada en la abundancia de la pampa húmeda a la superabundancia del subsuelo en mesetas áridas del sur. Si todo marchara bien, de un país subdesarrollado a uno con performance del Primer Mundo.

En rigor, Vaca Muerta es materia de controversia en Buenos Aires. No en la ciudad de Neuquén y mucho menos acá, en la polvorienta Añelo, donde nadie discute ni la capacidad de la cuenca ni que lo que era una promesa se está convirtiendo en realidad. Cada día se ven más actividad, más camiones, nuevas empresas, viviendas, supermercados, centros educativos, y acaba de inaugurarse el hospital. Unas 600 familias por mes se radican en la provincia.

El progreso, muchas veces caótico, salta a la vista en cualquier rincón de esta localidad que va camino de triplicar su población (2500 habitantes en 2012, más de 8000 hoy). «Aunque vengo habitualmente, cada vez que llego me sorprendo con un nuevo hotel, un edificio que no conocía, depósitos gigantes», dice un ejecutivo de YPF que vive en Neuquén capital (a 100 kilómetros). Podría decirse que Añelo no cuenta con un parque industrial, sino que el parque industrial se multiplicó varias veces y terminó abrazando al pequeño casco de Añelo, en el que solo unas pocas calles están asfaltadas.

Asiento de un fortín para contener a los malones indígenas durante la Conquista del Desierto, a fines del siglo XIX, Añelo enfrenta una crisis vocacional: el viejo caserío se va convirtiendo, a la velocidad de la luz, en ciudad petrolera. Su desafío es asimilar el avance de una industria que la transformó para siempre.

El gran salto de Vaca Muerta se dio en los últimos años. YPF y sus socios en la explotación de petróleo (y algo de gas), y sobre todo Tecpetrol (Techint) gracias al aumento del precio del gas en boca de pozo y a un esquema de subsidios polémico pero efectivo -la resolución 46, sancionada por el Gobierno en 2017 y recientemente modificada-, llevaron la producción a niveles impensados hasta hace muy poco. Vaca Muerta volvió a estar en el centro de todas las expectativas. Algunos hablaron de renacimiento.

Asiento de un fortín para contener a los malones indígenas durante la Conquista del Desierto, a fines del siglo XIX, Añelo enfrenta una crisis vocacional: el viejo caserío se va convirtiendo, a la velocidad de la luz, en ciudad petrolera. Su desafío es asimilar el avance de una industria que la transformó para siempre

En el área Fortín de Piedra, Tecpetrol invirtió hasta ahora 1800 millones de dólares que le permitieron alcanzar, en poco más de un año, una producción récord de gas de 17 millones de metros cúbicos. «Arriesgó y le salió muy bien: rompió el mercado», la elogian en la industria.

Después de muchísimo tiempo, la Argentina logró autoabastecerse de este combustible, a excepción del invierno, e incluso generar un saldo exportador. El Gobierno modificó el esquema de subsidios, para reducirlos, lo cual provocó un reclamo de Tecpetrol que acaba de aterrizar en la Justicia. «Nosotros necesitábamos una ventana de precios altos como incentivo para producir, y la 46 nos aseguraba eso por cuatro años -dice el presidente de Tecpetrol, Carlos Ormachea-. En Estados Unidos también se hizo así, entre 2008 y 2014. Ahora, al cambiar las reglas de juego, tuvimos que dejar de explorar. Ya volveremos».

 

«Van muy bien»

En Estados Unidos, el mayor jugador del mercado de no convencionales, se tomó nota de la revolución en marcha en Vaca Muerta. «Ustedes van muy bien. Es asombroso lo que están consiguiendo», le dijo semanas atrás un alto funcionario norteamericano del área energética a una delegación argentina que visitaba Washington.

El panorama de estos días tiene poco que ver con las dudas de los primeros años, aun cuando la estimación que la Agencia de Información Energética de Estados Unidos (en inglés, EIA) había hecho en 2013 sobre la magnitud de Vaca Muerta fue confirmada con las exploraciones piloto. A unos 2000 metros del suelo, debajo del gran yacimiento gasífero de Loma La Lata, apareció una roca, el shale, de extraordinarias condiciones. Su espesor es de 300 a 600 metros, contra los entre 30 y 100 metros de Permian (Texas) y Dakota del Norte, dos de las grandes formaciones de shale en Estados Unidos. Y su componente orgánico, es decir, los combustibles que alberga, de primer nivel mundial.

«Pero surgió un problema. El crudo había caído a menos de 50 dólares el barril, por lo cual la operación era económicamente inviable: el precio de venta no alcanzaba para cubrir los costos de la extracción», dice el economista Ricardo Arriazu, que desde hace cuatro años se dedica a estudiar el fenómeno de Vaca Muerta. Alentado por un grupo de empresas que no son del sector energético, el Estudio Arriazu Macroanalistas acaba de concluir, al cabo de un año, el que acaso sea el mayor trabajo de investigación sobre el impacto económico para la Argentina, con sus ventajas y peligros, del gran yacimiento que amenaza con cambiar de cuajo el tablero mundial de combustibles.

A pesar de que la ecuación económica no cerraba, YPF empezó a operar en el área de Loma Campana, muy cerca de Añelo. Al tesoro escondido en las profundidades le había llegado la oportunidad de mostrarse. Lo que se veía era tan valioso que justificaba el esfuerzo. YPF decidió apostar fuerte, primero con la multinacional norteamericana Chevron y después con otras grandes empresas: en los siete años que lleva en Vaca Muerta ha invertido, junto con sus socios, 9000 millones de dólares. El aporte inicial de Chevron fue de 1200 millones de dólares, pero posteriormente comunicó que esa cifra se había elevado a 2700 millones.

De los primeros pozos, que eran verticales (un error que costó muy caro, admiten hoy en YPF), se pasó a pozos en forma de L: uno vertical hasta la roca, de unos 2500 metros, y el horizontal, que puede llegar a 3500 metros, por el que se va en busca del combustible. Al shale se le hacen decenas de fracturas mediante estimulación hidráulica: agua y arena disparadas a 9000 PSI (la medida de la presión). Una fuerza suficiente para derrumbar un edificio en segundos. La cubierta de un auto de calle tiene una presión de 30 PSI.

En la extracción convencional, la roca no es forzada a liberar su contenido orgánico: lo hizo sola, por la presión natural de la formación geológica. El petróleo y el gas ya están liberados y solo hay que extraerlos: por eso es más fácil y menos costoso. Pero con el método no convencional -tres veces más caro- aumenta extraordinariamente la cantidad de combustible que se puede extraer.

 

Un país que resta

Frente al burbujeo de optimismo que embarga en los últimos tiempos a las empresas operadoras del yacimiento, Arriazu se planta con cifras que parecen indiscutibles: «Solo se está explotando el 3% de la superficie de Vaca Muerta. Actualmente hay unos 1000 pozos en actividad, cuando deberían ser entre 20.000 y 35.000». De esos 1000 pozos, 200 se abrieron el último año. Con el ritmo actual de perforación, se necesitarían 150 años para desarrollar la cuenca. La conclusión suena dramática: el desarrollo pleno llegaría cuando ya no se usen combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) como fuente de energía.

Sostiene, además, que la cantidad de pozos no es el mejor patrón de medida. Lo importante es la cantidad de fracturas. «En febrero hubo 712, que fue récord. Pero para que la explotación sea satisfactoria deberían ser 3000 fracturas por mes».

Para Arriazu, no hay ninguna duda: «Vaca Muerta está totalmente subexplotado. Ninguna de las principales petroleras del mundo está poniendo acá fichas grandes, por una razón muy sencilla: la Argentina no les resulta un mercado seguro y redituable. También es cierto que no tenemos infraestructura para un crecimiento mucho más rápido».

En el seminario que organizó LA NACION días atrás sobre Vaca Muerta, que reunió a funcionarios y representantes de todo el sector energético, el «factor Argentina» apareció una y otra vez. Aquí, la llamada «tasa de descuento» de una inversión es, por el riesgo país, muy alta. Como repitiendo un estribillo, muchos expositores señalaron que la potencialidad del yacimiento se veía limitada por el combo de desequilibrios macroeconómicos, inseguridad jurídica, cambios en las reglas de juego, déficit de infraestructura y dificultades logísticas. Y ahora, la tensión política por las decisivas elecciones de octubre.

Otra afirmación recurrente refleja bien el panorama de estos días: «Del piso para abajo está todo bien; los problemas empiezan del piso para arriba». Aun en una industria acostumbrada a la volatilidad, la Argentina es vista como un tembladeral.

«En otro país, Vaca Muerta ya estaría volando», dijo, en un break del seminario, un alto directivo argentino de una multinacional. Bajando la voz, agregó: «Con el factor Cristina latente, antes de poner plata lo pensás muy bien».

La expresidenta lo sabe. Hace algunas semanas, un asesor suyo hizo consultas entre especialistas en el área energética que son promercado. «No quiere ahuyentar a los inversores», explicó el asesor.

 

Negocio de escala

Un ejecutivo con mando en las operaciones de una empresa asociada a YPF opina que Vaca Muerta va progresando razonablemente, dadas las circunstancias. «Hoy están trabajando más de 20 equipos. Si quisiéramos que hubiese 100, sería imposible, la estructura actual no lo resistiría». Dice que se necesitan rutas, ductos y mano de obra calificada, entre muchas otras cosas.

La industria petrolera demanda inversiones multimillonarias. Para llegar a 1000 pozos más por año se requieren 15.000 millones de dólares, solo en gastos de perforación. Otros 15.000 millones costaría construir plantas para licuar el gas, sin las cuales no se lo puede almacenar para el invierno, cuando más sube el consumo, ni se lo puede exportar a los grandes mercados de ultramar. En primer lugar, China, la India y Japón.

«Hoy están trabajando más de 20 equipos. Si quisiéramos que hubiese 100, sería imposible, la estructura actual no lo resistiría». Dice que se necesitan rutas, ductos y mano de obra calificada, entre muchas otras cosas

Esos 30.000 millones, para apenas dos rubros, contrastan con las inversiones hechas hasta ahora. La mayor fue, en siete años, los 9000 millones de YPF y sus asociadas. El secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, subraya, no obstante, que el año pasado la inversión total en la cuenca neuquina alcanzó los 4200 millones de dólares. «Tenemos que aprovechar nuestra oportunidad. Hay más de 20 países con recursos no convencionales, y solo se explotan en Estados Unidos, la Argentina y Canadá».

Por los altos costos de producción del shale, los márgenes de ganancia son reducidos. Es un negocio intensivo, de escala, que exige perforación permanente de pozos (su rendimiento es muy alto al principio y enseguida cae), algo que solo se puede sostener con un flujo constante de dinero.

«El nivel de actividad hoy en Vaca Muerta es importante -dice Daniel Gerold, uno de los más reconocidos consultores en temas de energía-. Pero no va a explotar, entre otras razones porque se requiere muchísimo capital. Las empresas de acá no tienen ese capital, y las de afuera muestran más interés en otros mercados, que les aseguran mejores retornos».

Agrega otro factor: el arranque fuerte se dio por el lado del gas y no del petróleo. «Un error, porque durante ocho meses del año en el país no hay demanda de gas. Hay que priorizar el petróleo, como se está empezando a hacer ahora. El petróleo tiene un valor de exportación que es 2,5 veces superior al del gas».

La seguridad jurídica también apareció insistentemente en la agenda del seminario de LA NACION: reglas claras y permanentes, previsibilidad, adecuado marco legal. «No es fácil atraer capitales cuando, además de todas las dificultades, en Río Negro se está hablando de prohibir el fracking, y en Chubut, de ponerle un impuesto al viento», dice Arriazu.

«El futuro de Vaca Muerta está atado al futuro de la Argentina», dijo Miguel Gutiérrez, presidente de YPF, durante el seminario. En la platea, alguien comentó que el ideal sería que la ecuación estuviese invertida.

 

Año bisagra

Operadores del yacimiento niegan que haya una subexplotación. Sostienen que es imposible saltear o apurar la etapa inicial de aprendizaje, evaluación y maduración. Y de conocimiento de la zona, porque la productividad no es igual en todas las áreas. Hay que probar mucho, y eso lleva tiempo y dinero.

«Nosotros empezamos en Loma Campana con un piloto de 100 pozos verticales y hasta 20 equipos [de extracción] trabajando, lo cual fue un exceso, un gran error estratégico -afirma Daniel González, CEO de YPF-. Quizá subestimamos la complejidad de la operación, y además también había una necesidad de mostrar resultados rápidos».

El año pasado, dice, fue bisagra. Por primera vez, la operación de YPF en Vaca Muerta, enfocada en el petróleo, pasó a tener flujo neto positivo (mayores ingresos que egresos). «En Estados Unidos hay empresas de no convencionales que empezaron mucho antes que nosotros y todavía no lo alcanzaron». Lo atribuye a la calidad de la roca neuquina, a la curva de aprendizaje y a que se consiguió bajar los costos.

La abrupta baja de los costos de producción es el trofeo que todos exhiben en Vaca Muerta. En 2013, la explotación de crudo costaba 110 dólares por barril. Hoy, algo menos de 40 dólares. La caída se explica por esa curva de aprendizaje, por el acuerdo con el gremio petrolero para flexibilizar las condiciones laborales y por la mejora en la productividad.

Los escépticos respecto del nivel de explotación de la cuenca neuquina aportan otros dos datos: en Vaca Muerta están operando algo más de 30 equipos de perforación, contra 1600 de los campos de no convencionales en Estados Unidos. Y apenas hay tres o cuatro «desarrollos masivos», expresión que en la industria petrolera significa cumplir todas las fases, desde la exploración hasta la extracción, y con un número significativo de pozos. «Se ve mucho chiquitaje», dicen.

González no está de acuerdo. «No importa tanto el tamaño de la ficha que se juegue, sino la consistencia. El ritmo actual es razonable. Es obvio que con esta tasa de descuento la cosa se complica, pero no hemos parado ningún proyecto por falta de socios o de capital».

En YPF reconocen, de todos modos, que el margen para crecer es grande. El año pasado extrajo en Loma Campana 58.000 barriles diarios de crudo (57% más que en 2017), y se propone llegar a 120.000 en 2023.

«Los grandes jugadores están, como Exxon, Chevron, Shell, Total y otros -dice Alejandro Monteiro, ministro de Energía de Neuquén-. Pero, es cierto, por ahora con participación limitada. Para esas multinacionales, la Argentina es un lugar más, y complejo. La inestabilidad macro y la inestabilidad jurídica son elementos que juegan en contra. Nuestro desafío como país es crear las condiciones adecuadas».

También hay jugadores chicos, como Vista Oil & Gas, la empresa comandada por el expresidente de YPF Miguel Galuccio. En su salida a la bolsa en México, en 2017, constituyó un fondo de 850 millones de dólares, todos con el mismo destino: Vaca Muerta.

«En Estados Unidos -dice Gastón Remy, CEO de Vista, ex-Dow-, la revolución del shale no la hicieron las majors, sino las insurgentes, que tienen un management más cercano a la operación. Esas compañías son las que le encontraron la vuelta a la perforación horizontal y al fracking».

Vista está extrayendo en el área de Bajada de Palo 24.000 barriles diarios de crudo y aspira a llegar a 65.000 barriles en 2022. «A diferencia de las grandes, todas nuestras fichas están puestas en Vaca Muerta», dice Remy.

Como muchos en el sector, la empresa de Galuccio pide que se liberen las exportaciones de crudo. Bajo la lógica de un país que ha sido históricamente importador neto de petróleo, y que por lo tanto privilegia el abastecimiento local, las ventas al exterior siguen estando restringidas. «Ya llegamos al autoabastecimiento. Hay que permitir que el excedente pueda ser exportado, lo que generaría un importantísimo ingreso de dólares al país. Y esos dólares permitirían aumentar la producción. Se forma así un círculo virtuoso», dice Remy.

En Estados Unidos, que también tenía limitaciones a la exportación, el boom del shale obligó a revisar ese esquema. En 2015, Obama eliminó las restricciones y en cuatro años se cuadruplicaron las ventas de combustibles al exterior.

 

«Seguirá muerta»

La suerte de Vaca Muerta parece oscilar permanentemente entre impulsos y frenos. De un lado, la excelencia de la roca, los avances logrados por el management para optimizar la operación y reducir costos, y la decisión del Gobierno, con sus marchas y contramarchas, de poner el foco en la explotación de esos recursos. Del otro lado, un sinfín de trabas que le impiden cantar victoria.

A veces, los contrastes son brutales. Una recorrida por las instalaciones de YPF en Loma Campana provoca asombro: profesionales supercapacitados y muy jóvenes, muchos de menos de 30 años; tecnología de punta y recursos innovadores desarrollados por personal de la empresa; ampliación de plantas, monitoreo de pozos en tiempo real mediante geonavegación, y una mística fundacional y ganadora que atraviesa el aire. Pero la ruta provincial que pasa por el frente de esas instalaciones, la más transitada de Vaca Muerta, todavía no ha sido asfaltada.

De las dos rutas provinciales que unen la ciudad de Neuquén con Añelo (100 kilómetros), la 7 tiene solo dos manos y a la 51 nunca la terminan de ensanchar. Todos los días, miles de autos, combis, camionetas y camiones forman colas interminables. Los accidentes y muertes allí ya son un clásico.

El gobierno de Neuquén, que recibe entre 50 y 70 millones de dólares mensuales en concepto de regalías petroleras, argumenta que el gobierno nacional nunca le envió los fondos que le había prometido en 2013 para obras. «¿Eso dicen? ¿Y no se les ocurrió cobrar peaje? Con el tráfico que tienen, la obra se paga sola», protesta un ejecutivo de Shell que viaja semanalmente a Añelo.

A uno de los más importantes empresarios petroleros del país, escéptico sobre el futuro del shale neuquino, le atribuyen haber dicho hace años: «La vaca está muerta y seguirá muerta». En realidad, está muy viva. Pero no coleando.

 

Vaca muerta, en una cobertura a fondo

«Si tomamos las reservas probadas, equivale a 10 veces el PBI o a 150 años de cosecha». Estas son las razones que, según el economista Ricardo Arriazu, convierten a Vaca Muerta en una verdadera oportunidad. Frente a esa gran expectativa, LA NACION decidió llevar adelante una profunda y extensa cobertura sobre Vaca Muerta, que incluye esta primera nota, pero que comenzó a fines del mes pasado con una jornada en el diario, cuyo contenido se publica hoy en el suplemento Economía. De ese encuentro, «Vaca Muerta: una nueva oportunidad», participaron, además de Arriazu, funcionarios, ejecutivos de petroleras y especialistas en energía.

Durante los siguientes meses, continuará la serie con notas sobre distintas temáticas vinculadas con Vaca Muerta. Los desafíos macro y estructurales que enfrenta; cómo ganar competitividad con reglas de juego claras e inversiones en infraestructura; el perfil de trabajador que se requiere, y la comparación con países que tuvieron oportunidades similares y las aprovecharon (o desaprovecharon) son algunos de los aspectos que serán abordados en todas las plataformas de LA NACION.

Fuente: La Nación

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