Cómo se construyeron y ampliaron las escolleras de Puerto Quequén y Necochea
Las escolleras de Puerto Quequén se proyectaron a comienzos del siglo XX como una obra de protección náutica clave para el funcionamiento del puerto. Su función principal es disipar la energía de las olas antes de que ingresen al antepuerto, mejorando las condiciones de seguridad para la entrada y salida de buques y definiendo el canal de acceso a los muelles operativos.
El proyecto fue firmado en 1908 y la obra se licitó en 1910, siendo adjudicada a la empresa francesa Grandes Trabajos, de Marsella. Los trabajos comenzaron en 1911 y el certificado final de obra se emitió en 1922. Las dos escolleras tienen distinta longitud, con un mayor desarrollo del lado de Necochea, debido al predominio del oleaje proveniente del cuadrante sudoeste que impacta sobre esa margen.
La construcción se organizó en torno a un obrador ubicado en Quequén, frente al histórico hotel Los Pinos, donde se elaboraban los grandes bloques de hormigón. La piedra se traía en tren desde la cantera Los Pinos, en Balcarce, y desde allí también se cruzaban en ferrocarril los bloques hacia la margen necochense mediante un puente de tramo giratorio, diseñado para permitir el paso de los pailebotes que operaban entonces en el puerto.
El método constructivo se basó primero en el vertido de grandes volúmenes de piedra al mar, conformando la traza de cada escollera. Sobre esa base luego se colocaron los bloques de hormigón para nivelar la coronación y dar estabilidad al rompeolas. En la escollera de Necochea, las ampliaciones posteriores se ejecutaron en tres etapas, entre 1911 y 2007, incluyendo la incorporación de bloques tipo Core Loc en la última extensión para optimizar el comportamiento frente al oleaje, incluso con colocación asistida por buzos en el sector aguas abajo.
La escollera de Quequén tuvo inicialmente 575 metros y a comienzos de la década de 1930 fue acortada unos 30 metros para mitigar el desmoronamiento del morro por la acción del mar. En forma complementaria se construyó el espigón que hoy utiliza Prefectura Quequén, con el objetivo de reducir la altura de las olas entrantes. Décadas más tarde, en 2019, se incorporó un mirador con iluminación nocturna y se repavimentaron 540 metros de la estructura, sumando además un uso recreativo y turístico a esta infraestructura portuaria estratégica.
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