Retroceso de playas bonaerenses: erosión, obras costeras y riesgo urbano-ambiental
En buena parte de la costa atlántica bonaerense, la pérdida de playa dejó de ser una advertencia científica para transformarse en un fenómeno visible: el mar llega hasta el borde de los balnearios, las carpas quedan al límite del oleaje y el espacio público disponible se reduce. El proceso se vio agravado en los últimos meses por sudestadas más frecuentes combinadas con pleamares altas; el 3 de enero, un temporal de estas características dejó sin playa a varias localidades y recortó fuertemente los sectores públicos en puntos muy concurridos como Playa Grande, en Mar del Plata.
Especialistas señalan que el fenómeno tiene una base natural intensificada por el cambio climático, pero subrayan que la velocidad del deterioro no se explica solo por el aumento del nivel del mar. La costa bonaerense funciona como un sistema dinámico de transporte de sedimentos, donde la Corriente de Deriva Litoral mueve arena de sur a norte y permite que, en condiciones normales, las playas se regeneren tras cada sudestada.
Ese equilibrio se ve alterado cuando se ejecutan obras costeras sin planificación regional, como espigones, escolleras o rompeolas que actúan como «trampas» de arena: acumulan sedimentos en un punto, pero interrumpen el suministro hacia las playas ubicadas más al norte. Así, mientras un sector gana superficie, otro entra en un balance negativo de arena, donde lo que el mar retira supera a lo que el sistema puede reponer, volviendo insuficientes incluso los rellenos artificiales si no se corrigen antes esas interferencias.
Estudios regionales citados indican que la franja entre Mar del Plata y Pehuencó retrocede en promedio 0,5 metros por año. En la barrera oriental (Villa Gesell, Pinamar y Partido de la Costa) el cuadro es más crítico: en áreas céntricas se pierden entre 1 y 2 metros de playa por año y en décadas anteriores hubo tramos con retrocesos de hasta 5 metros anuales. En zonas como Camet Norte, Mar del Tuyú, Santa Teresita y Bahía de los Vientos, la erosión ya compromete acantilados, viviendas y, en el caso de Camet Norte, un yacimiento paleontológico de alto valor científico, donde un recurso de amparo mantiene paralizadas obras de defensa.
A los errores históricos de diseño costero se suman prácticas de manejo cuestionadas, como la extracción de arena de zonas altas y estables para volcarla en áreas intermareales, lo que facilitó su arrastre en cada sudestada y aceleró la pérdida de volumen. La contaminación del agua y la acumulación de residuos completan un cuadro donde la mera reposición de arena resulta insuficiente sin un abordaje integral que articule ingeniería costera, protección ambiental y resguardo del patrimonio natural y urbano.
Los especialistas mencionan alternativas técnicas posibles, como espigones más cortos y escalonados o rompeolas desvinculados, soluciones más costosas pero capaces de reducir la erosión sin bloquear el transporte de sedimentos ni afectar áreas sensibles. Estas estrategias, señalan, ya se ensayan en algunos sectores del litoral bonaerense y apuntan a compatibilizar la defensa de viviendas, la actividad turística y la conservación de un sistema costero en evidente retroceso.
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