Gasoducto privado a la Costa Atlántica: una alternativa para destrabar el potencial energético argentino

Argentina atraviesa una encrucijada energética: mientras la producción hidrocarburífera en Vaca Muerta mantiene un crecimiento sostenido, los sistemas eléctricos y gasíferos del país muestran signos de saturación y estancamiento. Así lo advierte el ingeniero Rodolfo Dalmati, ex presidente del Organismo Regulador de Seguridad de Presas (ORSEP), quien analiza los desafíos estructurales del sector y propone alternativas concretas, como el desarrollo de un gasoducto privado hacia la Costa Atlántica.

Según Dalmati, la producción de petróleo no convencional creció un 21% interanual, compensando la caída del 6% del crudo convencional. Este repunte, impulsado principalmente por YPF y otras compañías operadoras en Vaca Muerta, sostiene la expectativa de duplicar la producción en los próximos años, apalancado en la ampliación del sistema de oleoductos y la construcción de un nuevo tendido hacia Punta Colorada.

En contraste, el gas natural enfrenta cuellos de botella vinculados a la capacidad de transporte y a la falta de infraestructura de licuefacción. La mejora del 0,4% interanual en la producción resulta insuficiente frente al potencial del recurso. Las obras paralizadas, como las estaciones compresoras necesarias para optimizar el funcionamiento del Gasoducto Néstor Kirchner, limitan el aprovechamiento del yacimiento gasífero.

Frente a este escenario, Dalmati propone una alternativa innovadora: la construcción de un gasoducto privado que conecte Vaca Muerta con la Costa Atlántica, diseñado para abastecer plantas de licuefacción flotantes que operen en puertos marítimos. Esta solución permitiría exportar gas natural por vía marítima y abrir nuevas oportunidades para el comercio exterior energético. «Se abriría un nuevo horizonte para las inversiones y la balanza comercial del país», afirma el especialista.

A nivel nacional, el acceso al gas por redes sigue siendo desigual. El 44% de la población depende de garrafas, y provincias del NEA como Misiones, Chaco o Corrientes aún no cuentan con infraestructura de gasoductos. El reciente corte de suministro en Mar del Plata pone en evidencia la vulnerabilidad del sistema de transporte y distribución.

El panorama eléctrico, por su parte, también presenta severas limitaciones. El sistema de alta tensión no se ha ampliado en años y se encuentra saturado. Proyectos clave como “AMBA I” aún están en fase licitatoria. Si bien existe capacidad instalada suficiente, muchas centrales operan con equipos fuera de servicio, lo que obliga a importar energía en los picos de demanda. La fragmentación del sistema de distribución y el rezago tarifario en el Área Metropolitana de Buenos Aires agravan el problema al reducir la capacidad de inversión de las distribuidoras.

Finalmente, Dalmati enfatiza la necesidad de un plan energético nacional integral, que articule los sectores público y privado, las provincias y los usuarios. Esta planificación debería vincular la expansión hidrocarburífera con la modernización de la infraestructura eléctrica y gasífera, y con la incorporación ordenada de energías renovables y sistemas de almacenamiento.

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