ITER en Cadarache: el megareactor que busca reproducir la energía del Sol en la Tierra

En Cadarache, al sur de Francia, avanza la construcción de ITER, un laboratorio de fusión nuclear concebido para recrear en la Tierra el mismo proceso energético que ocurre en el Sol. No se trata de una central eléctrica convencional, sino de una instalación científica a gran escala, destinada a demostrar que la fusión puede convertirse en una fuente de energía limpia y prácticamente inagotable.

El corazón de la obra es el reactor experimental y, dentro de él, la cámara de vacío (vacuum vessel), donde se generará y controlará el plasma a unos 150 millones de grados Celsius, por encima incluso de la temperatura del núcleo solar. Esta cámara está compuesta por nueve enormes secciones de acero, fabricadas con tolerancias milimétricas. Cada módulo pesa decenas de toneladas y el conjunto supera las 400 toneladas, lo que convierte a ITER en una de las estructuras científicas más pesadas y precisas jamás montadas.

La etapa actualmente en curso es el ensamblaje final de esa cámara de vacío. El montaje requiere robots de alta precisión, sistemas de alineación por láser y controles permanentes de geometría y soldaduras, ya que una desviación mínima puede afectar la estabilidad del plasma. La instalación está a cargo de un consorcio industrial internacional, lo que refleja la escala global del proyecto y la necesidad de coordinar estándares técnicos entre múltiples países.

El reactor busca que átomos ligeros de hidrógeno se fusionen liberando grandes cantidades de energía. Para evitar que el plasma destruya las estructuras internas, se emplearán campos magnéticos ultrapotentes generados por imanes superconductores gigantes, que mantendrán el plasma “suspendido” sin contacto con superficies sólidas. A esto se suman sensores térmicos y magnéticos en tiempo real, sistemas de contención redundantes y protocolos automáticos de apagado ante cualquier anomalía.

ITER no inyectará energía a la red eléctrica, pero su función es validar en condiciones reales que un reactor de fusión a gran escala puede operar de forma estable y segura. Si el experimento resulta exitoso, abrirá el camino al desarrollo de centrales comerciales capaces de abastecer grandes centros urbanos sin emisiones de carbono, sin residuos radiactivos de larga duración y con un riesgo significativamente menor de incidentes graves respecto de la tecnología nuclear de fisión convencional.

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