Construcción 3D de viviendas: cómo cambia costos y plazos en proyectos de escala global
La construcción de viviendas con impresoras 3D se consolida como una respuesta tecnológica al déficit habitacional, mediante sistemas robóticos que ejecutan estructuras sólidas con menos insumos, menor logística y reducción significativa de los tiempos de obra. La técnica se basa en fabricación aditiva: la impresora deposita capas sucesivas de un material cementicio, conformando muros portantes con precisión milimétrica.
Un caso emblemático es el barrio Wolf Ranch, en Texas (Estados Unidos), considerado el desarrollo residencial impreso en 3D más grande del mundo. Allí, la firma ICON, en conjunto con la constructora Lennar, imprime viviendas con valores que van de 425.000 a 585.000 dólares. El uso de un material cementicio patentado permite lograr alta resistencia estructural y soportar condiciones climáticas extremas, reduciendo además errores típicos de la construcción tradicional.
En China, la empresa WinSun demostró la capacidad de imprimir hasta diez viviendas en un solo día, lo que reduce de forma drástica el gasto en mano de obra y vuelve a esta tecnología competitiva para proyectos masivos. En Europa, COBOD desarrolla impresoras de construcción 3D aplicadas a edificios en Dinamarca y Alemania, validando su adaptación a normativas de seguridad exigentes y a diseños de alta complejidad.
En Medio Oriente, Dubái fijó como meta que el 25% de sus edificios sean impresos para 2030, impulsando inversiones en soluciones automatizadas. En América Latina, Argentina comienza a ensayar la integración de brazos robóticos en obra civil a partir de alianzas entre grandes cementeras y firmas tecnológicas locales, como la de Holcim con Teknix, con el objetivo de llevar esta técnica a una escala industrial.
La principal promesa de la impresión 3D en vivienda es económica y ambiental: al acortar la cadena de suministros y los tiempos de obra gris, el costo final puede bajar de forma sustantiva, abriendo una opción para vivienda social. Al mismo tiempo, el uso exacto de materiales reduce el desperdicio y la huella de carbono. La consolidación de esta modalidad dependerá de regulaciones locales, pero los desarrollos en Norteamérica y las pruebas en África ya muestran que las viviendas impresas son una solución técnica y financieramente viable para el mercado global.
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