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Restauración de la Basílica de Luján

15/03/2017 |

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Cómo fue el proceso de restauración y puesta en valor de uno de los mayores íconos religiosos del país y las tareas de adecuación para albergar a más fieles.

En 2000, la caída de una cruz de hierro desde 106 metros de altura dio la última luz de alerta posible. Ya no hicieron falta más señales para comprender que la Basílica de Luján, inaugurada en 1910, necesitaba una restauración integral como la que nunca había tenido. En 1998 ya se había realizado un concurso de antecedentes que definió quienes serían los proyectistas a cargo del Plan Director, pero fue recién en 2003 cuando comenzó un majestuoso plan que culmina con la incorporación de un teatro y un museo devocional.

Las tareas se dividieron en tres etapas que comprendieron la recuperación y puesta en valor de todo el edificio. Actualmente están en ejecución las obras destinadas a la creación de un espacio para los bautismos fuera de la basílica, los cuales llegan a sumar 500 por fin de semana.

El proyecto y la dirección de obra fueron realizados por el equipo de la Dirección Nacional de Arquitectura y la Dirección Nacional de Planificación y Ejecución de Proyectos, pertenecientes a la Subsecretaría de Obras Públicas del Ministerio del Interior Obras Públicas y Vivienda, junto a reconocidos especialistas en conservación de bienes arquitectónicos.

“Para nosotros, la restauración de la Basílica no se trata sólo de la recuperación de un monumento histórico. Lo más importante es que nos da la oportunidad de poner en valor todo un tejido urbano y revitalizar por completo una ciudad”, explica Emiliano Michelena, titular de la Dirección Nacional de Arquitectura.

La restauración

El primer paso consistió en la identificación de las patologías más importantes, ocasionadas por la falta de mantenimiento integral: los vitrales se habían cubierto de impurezas que reducían la iluminación natural del templo y algunas áreas incluso habían sido clausuradas por temor a derrumbes.

Ante la falta de documentación, el equipo técnico debió realizar sus propios relevamientos que incluyeron técnicas innovadoras, como las fotogrametrías y gammagrafías. La primera de ellas se basa en el conocimiento de las propiedades geométricas de objetos y espacios, mientras que la segunda sirve para determinar el estado de los materiales. Además, se investigaron distintos fondos documentales.

Michelena asegura que “el proyecto se concentró en preservar al máximo los elementos originales y en asegurar que las nuevas intervenciones fueran fácilmente reconocibles sin perjudicar la uniformidad del conjunto”.

Las fases se definieron en función de las condiciones edilicias y de las actividades del templo. Las primeras obras se realizaron en la envolvente, restaurando fachadas y cubiertas para detener el degrado, mientras la basílica mantenía su normal funcionamiento.

Puntualmente, la primera de ellas concluyó en 2005 y consistió en el tratamiento del frente del edificio y parte del exterior, incluyendo las cruces principales. Como se mencionó anteriormente, una de ellas presentaba tal deterioro que llegó a caerse sobre la vereda. A partir de entonces, la otra cruz fue retirada preventivamente y ambas fueron reemplazadas por réplicas de 9 metros de alto y una tonelada y media de acero, cobre y bronce realizadas en el Astillero Río Santiago, en el que 69 obreros donaron la mano de obra. Actualmente las originales se encuentran en poder del obispado y una de ellas está expuesta en el claustro lateral de la Basílica.

Además, se renovó el sistema de pararrayos y balizamientos y se repararon las estructuras de miles de ornamentos, los que en algunos casos fueron sustituidos por réplicas realizadas a mano.

La segunda etapa, en tanto, se centró en la restauración general de las fachadas laterales y la cubierta de la nave principal.

La estructura portante de la Basílica es de mampostería revestida en piedra, lo que la convierte en el mayor monumento construido en ese material de nuestro país. Su alto nivel de degradación se debía a fallas intrínsecas en la resistencia de la piedra a la intemperie, y a patologías típicas de la ornamentación símil piedra. Para determinar las características de estos materiales y las causas de su deterioro se utilizaron estudios in situ y en laboratorio que contribuyeron a definir la composición física y química de la piedra, y su comportamiento físico-mecánico.

Para la última etapa de la restauración se consultaron los cronogramas obligatorios para que los obreros no interfirieran con las actividades de la iglesia. En esta fase, el objetivo principal fue la restauración integral del interior, comprendido por las bóvedas, columnas, pisos, vitrales, mobiliario –en gran parte realizado en madera de roble de diversa calidad– altares, arañas así como los relojes y las campanas.

También se repararon los edificios anexos, como la casa parroquial, el claustro y la santería; y se completó la restauración de la cripta para conservar el tesoro.

Por otra parte, se realizaron obras de actualización tecnológica, que incluyeron el recambio y la modernización de la instalación eléctrica –desde el cableado hasta los transformadores–, la incorporación de un sistema de iluminación interior y exterior, sistemas de detección y extinción contra incendio, circuitos cerrados de televisión y “un complejo sistema de bombeo para prevenir el crecimiento de las napas y el posible deterioro a causa de inundaciones”, señala Michelena. Y aclara: “Entendemos que la conservación no es solo la restauración de un bien. Para cuidar el patrimonio, lo más importante son las tareas de readecuación tecnológica que van a permitir que a este monumento lo puedan disfrutar las generaciones futuras”.

La readecuación

Actualmente se encuentra en ejecución la obra del nuevo bautisterio y puesta en valor del Descanso del Peregrino, que comenzó en el último trimestre de 2015. Esto permitirá la realización de un mayor número de bautismos sin perjudicar el funcionamiento de la basílica, al tiempo que dotará a los peregrinos de nuevos servicios. El espacio pertenece a una manzana aledaña a la iglesia, involucra su reorganización en sectores y la restauración del teatro y de un museo devocional que serán “abiertos” a la comunidad.

El plan propone concentrar en la basílica las actividades religiosas, mientras que el Descanso del Peregrino será un renovado polo cívico, cultural y gastronómico.

Tanto este proyecto como la restauración responden a un único concepto: “Entender al monumento no como una pieza aislada, sino como una parte fundamental de la regeneración urbana”, concluye Michelena.

Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda: Lic. Rogelio Frigerio Subsecretario de Obras Públicas: Arq. Jorge Sábato Dirección Nacional de Arquitectura: Dr. Arq. Emiliano Cruz Michelena Dirección Nacional de Planificación y Ejecución de proyectos: Ing. Guillermo Coll Proyectistas y Dirección de obra: Arq. Jorge Gazaneo – Arq. Rodolfo Morello junto al Equipo Técnico de la DNA y de la Dirección Nacional de Planificación y Ejecución de Proyectos. Contratistas: Teximco S.A (Etapa I y Descanso del Peregrino), Creaurban S.A tapas II y III)

Fuente: Clarín

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