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Por qué TGLT se quedó con la constructora Caputo SA

22/01/2018

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La desarrolladora TGLT se quedó con el 82,32% de la constructora Caputo SA, de la cual Nicolás Caputo, el empresario amigo del presidente Mauricio Macri, tenía un 20%. El objetivo de la compañía, que pagó US$109 millones, es reforzar su expansión en el mercado inmobiliario. «Realizaremos una oferta pública de adquisición obligatoria y canje voluntario de acciones dirigida a los tenedores de acciones ordinarias de Caputo S.A.I.C.F. remanentes, de forma de -eventualmente- adquirir el 100% del capital con derecho de voto de dicha sociedad», explica a LA NACION Alejandro Belio, director de Operaciones de la desarrolladora que comanda Federico Weill.

La empresa arrancó a mediados del año pasado un agresivo plan de expansión. En agosto último realizó la colocación internacional de obligaciones negociables convertibles en acciones por un total de US$ 150 millones y también desembolsó US$ 40,5 millones por uno de los terrenos ubicado en Catalinas subastados por la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE) en donde construirá una torre de oficinas de más de 40 pisos, diversificándose también al negocio de inmuebles comerciales.

«Con la adquisición buscamos generar una sinergia entre la constructora y la desarrolladora para aprovechar el ciclo de boom de la construcción que estamos esperando», agrega el ejecutivo y detalla que el banco de tierras de la constructora, principalmente los terrenos que tiene en Buenavista, San Fernando, fueron determinantes para la decisión. Además de la tierra que Caputo también tenía en Quilmes.

Con la toma de control de Caputo, TGLT mejorará su capacidad de construcción y hará más eficiente su estructura de costos en un contexto en el que el costo del metro cuadrado se ubica en los US$1500 y es uno de los principales dilemas del sector para que los números cierren. Si bien en el escenario actual de auge de crédito la construcción genera oportunidades, hay varios dilemas pendientes. La carga impositiva, la ineficiencia y la baja adopción de nuevas tecnologías son los grandes obstáculos a los que se enfrenta la industria de la construcción, un sector que reclama una revisión profunda del régimen impositivo que incentive la actividad.

Hoy la compañía liderada por Federico Weil avanza con la construcción de Astor San Telmo en la avenida Caseros, un proyecto de 6000 m2 y $ 940 millones de inversión ubicado en terrenos en donde funcionaba la planta logística de OCASA. «Tuvimos la oportunidad de adquirir un terreno excepcional en un barrio con identidad, vibrante, dinámico y con muy buena ubicación, donde encontramos una demanda insatisfecha de productos de vivienda como los que ofrece la línea Astor», afirma Belio.

El valor por m2 promedia los $44.900 y al momento se encuentra vendido más de un 40 por ciento. Hasta ahora, la desarrolladora se había animado a emprendimientos bajo esa marca en zonas premium de la ciudad como Palermo y Núñez.

Además, la firma relanzará la ciudad navegable de Tigre, Venice. Se trata de un emprendimiento que ocupa 32 hectáreas de Tigre y en el que se invertirán $1100 millones en una primera etapa. Es un proyecto residencial con marinas, canales y arroyos en un predio de 32 hectáreas ubicado en el casco urbano de Tigre y con un frente de 600 metros que balconea al río Luján con salida directa al agua.

«Es un ejemplo perfecto de nuevo urbanismo que plantea la posibilidad de vivir en la ciudad sin asociarlo con el cemento. En otras palabras, se vive en plena naturaleza con la posibilidad de ir caminando a un centro comercial o al Puerto de Frutos», relata Belio que para realizar el master plan de Venice contrató al estudio de arquitectura Duany Plater Zyberk & Company (DPZ), referente internacional del nuevo urbanismo que busca crear comunidades compactas, amigables al peatón y en armonía con su entorno natural.

La desarrolladora apuesta al modelo de proyectos de gran escala. «Se terminaron los tiempos en los que los desarrolladores exprimían la tierra para sacar la mayor cantidad de metros vendibles», dice el ejecutivo, y añade: «Hoy los metros cuadrados vendibles pasaron a un segundo plano. Para armar una propuesta diferente hay que tomar en cuenta otros puntos. Por ejemplo en este caso, en 32 hectáreas realizaremos la misma cantidad de metros que tienen dos manzanas de Recoleta».

Y compara: «Los edificios enfrentados de una cuadra tradicional de la ciudad de Buenos Aires tienen una distancia de poco más de 17 metros, la avenida Córdoba tiene 30 metros, en el planteo de Venice hay sectores entre los que los edificios tienen una distancia de entre 60 y 70 metros entre uno y otro con visuales amplias y cruzadas».

En la primera etapa, la desarrolladora lanzó seis edificios -de los cuales cinco están avanzados en su construcción – en diez manzanas, que estarán listos entre 2017 y 2020, dependiendo de cuando comenzaron a construirse.

TGLT también apostó al interior del país. En Rosario levanta Puerto Norte, un emprendimiento con nueve edificios residenciales, dos cuerpos de oficinas, guarderías náuticas, cocheras y un área verde de 10.500 metros cuadrados. Belio explica que la desarrolladora arma proyectos en tierra de más de 3000 m2 y reconoce que los límites geográficos se extendieron y aparecieron zonas que parecían relegadas, incorporando volumen de tierra a la oferta.

Por otra parte hace cuatro años puso pie en Montevideo. Construye Forum Puerto del Buceo, un proyecto de US$130 millones de inversión en el que las 300 unidades promedian los US$4095 por metro cuadrado con tickets que parten desde los US$250.000. «Fue un producto pensado con diversidad: unidades más compactas para los argentinos y las más amplias de hasta 120 metros cuadrados para el público local», explica Belio.

TGLT fue una de las empresas pioneras en incentivar la demanda con financiación propia y modular. La aplicó en proyectos de más de cinco años que se planeaban por etapas en los que los compradores comenzaban pagando cuotas bajas hasta la posesión en la que aumentan considerando que la persona deja de pagar un alquiler. «Fue una forma de acercarnos a la demanda», concluye Belio.

 

Fuente: La Nación

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