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YPF y Pampa contratan a dos constructoras para terminar Ensenada Barragán

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Los nuevos dueños de la central que privatizó IEASA contrataron a Techint y a Sacde para cerrar el ciclo combinado. Las empresas desestimaron la instalación de un polémico acueducto para refrigerar la planta en el que el gobierno anterior había invertido millones de pesos.

La empresa estatal IEASA transfirió la central térmica Ensenada Barragán a una UTE integrada por YPF y Pampa Energía a cambio de US$ 533 millones (US$ 229 millones en efectivo y la asunción de una deuda por casi US$ 304 millones). El traspaso se concretó a fines de junio.

Un mes y medio después, YPF Luz —en términos patrimoniales, el activo consolida dentro del balance de la empresa madre (YPF SA), pero es operado técnicamente por la subsidiaria eléctrica— y Pampa contrataron a las constructoras que se encargarán de terminar la planta termoeléctrica, que permanece inconclusa desde 2012, cuando fue inauguraba parcialmente por el Ministerio de Planificación, que dirigía Julio De Vido.

La obra de cierre de ciclo de Ensenada Barragán —que permitirá elevar la potencia instalada en la usina de 560 a 840 megawatt (MW) de potencia— correrá por cuenta de la UTE conformada por Techint Ingeniería y Construcción y Sacde, la constructora que pertenece a los accionistas de Pampa Energía, encabezados por Marcelo Mindlin. Así los aseguraron fuentes privadas a EconoJournal. La contratación quedará formalizada en los próximos días. La inversión en la central rondará los US$ 200 millones.

 

Cambio de diseño

La modificación más saliente del proyecto está ligado a la solución técnica que se utilizará para refrigerar la central a fin de cerrar el ciclo combinado mediante la instalación de una turbina de vapor. El diseño original validado por los funcionarios de Enarsa (hoy IEASA) preveía la construcción de un acueducto de gran porte para tomar agua desde el arroyo El Gato, ubicado a pocos kilómetros de la central. Fue una decisión que tomó la empresa pública cuando era presidida por Exequiel Espinosa y controlada por funcionarios del Ministerio de Planicación.

Pese a la negativa de algunos funcionarios de la Secretaría de Energía, que en ese momento se oponían a encarar la obra por considerarla deciente en términos técnicos y extremadamente costosa, Enarsa instruyó a la UTE encargada de la construcción de la central —conformada por Iecsa, la empresa de Ángelo Calcaterra, primo del Presidente, luego rebautizada como Sacde, e Isolux— a que avanzara con el tendido del acueducto. Así quedó asentado en una de las adendas del contrato inicial firmado por Enarsa. «El acueducto era, en realidad, una opción multipropósito que tomó con anuencia de la política para promover el desarrollo inmobiliario de la zona. Su construcción no estaba vinculado únicamente con lo energético», expresó un ex funcionario que en esos años integró las de la Secretaría de Energía.

Se compraron materiales e insumos y se gastaron millones de pesos para instalar el acueducto, que iba a transportar casi 56.000 metros cúbicos por hora (m3/h) de agua para refrigerar el ciclo combinado. En una zona de bañados como donde está emplazada la central térmica, eso acarrea un riesgo adicional no menor. La traza del caño de 3,5 metros de diámetro incluso obligaba a relocalizar viviendas ubicadas en cinco hectáreas por donde debían pasar los caños.

Con esos antecedentes, YPF Luz y Pampa reevaluaron el proyecto y decidieron dejar de lado la instalación del polémico acueducto. Optaron, en su lugar, por instalar una torre de enfriamiento que tomará agua desde el río pasando por un predio de Siderca lindero al de la central eléctrica. Es, en rigor, la misma alternativa que planteaban aquellos que se oponían al acueducto que promovieron Enarsa y Planicación. No fue la única polémica que giró en torno a la construcción de la central Ensenada Barragán. De hecho, la Justicia federal sigue investigando una serie de presuntas irregularidades ocurridas durante la construcción de la central.

Fuente: EconoJournal

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