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De aquellas promesas a estas obras – Catamarca

02/07/2020 |

Mauricio Macri alcanzó la Presidencia de la Nación por una suma de factores que inclinaron la balanza a su favor en la preferencia de la mayor parte del electorado argentino. El desgaste de 12 años de kirchnerismo, el decisivo e incondicional respaldo de los grupos mediáticos más poderosos, una campaña bien diseñada, la siempre atractiva promesa de un cambio, actos de corrupción y el hastío motivado por algunas guras de la primera línea peronista; contribuyeron a la ecuación que catapultaría al más conocido heredero de Socma desde la jefatura porteña a la Casa Rosada.

Pero sería injusto acomodar argumentos para explicar ese triunfo como resultado de una mera acumulación de errores y malos entendidos. Gran parte de los argentinos lo acompañaron en las urnas porque creían en él, porque se entusiasmaron con un proyecto, porque se esperanzaron con la propuesta de una refundación del país, que en su momento pareció atractiva y viable.

La sociedad le dio el triunfo y más aún, ayuno de todo logro, el empresario obtuvo dos años después un respaldo mucho mayor. La ajustada victoria en el ballotage de 2015 ante Daniel Scioli, se transformó en un amplio y contundente éxito en las legislativas de 2017, cuando el país hablaba con razón de la “ola amarilla” que se afianzaba e invitaba a soñar con un largo período en el poder.

Nada de eso sucedió. Macri se desplomó en tiempo récord a caballo de su inoperancia, de su discurso vacío, de sus posturas histriónicas y de una batería de medidas económicas que se transformaron en una pesadilla para la industria nacional, el comercio, la producción y las cuentas hogareñas.

Su impericia resucitó a un rival que parecía sepultado y lo marginó a un ostracismo como el actual, en el que ni siquiera se lo reconoce como interlocutor opositor. Fue un globo más de los que usó en campaña, rápidamente desinado sin dejar más huellas que la pobreza y la mentira.

 

El anuncio y la decepción

En su breve apogeo, cuando para algunos emergía como el hombre llamado a cambiar el país, Mauricio Macri hizo el más espectacular de los anuncios de toda su carrera política: el Plan Belgrano.

Se trataba de un programa de inversiones simplemente proverbial, diseñado para quebrar con la histórica postergación del norte del país y dotar a esta región de magníficas infraestructuras y oportunidades.

Este plan fue anunciado como un espectacular programa de inversiones, sin antecedentes en la historia, para beneficio de todo el Norte argentino.

“Con esta iniciativa se pretende saldar la deuda histórica que el país tiene con las provincias del Norte, llevando adelante el plan social, productivo y de infraestructura más ambicioso de la historia argentina”, se anunció oportunamente con la promesa de desembolsar la fabulosa cifra de 16.000 millones de dólares (por entonces unos 95.000 millones de pesos) en Catamarca, Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Santiago del Estero, Chaco, Formosa, Misiones y Corrientes.

Ese tremendo anuncio derivó en la mayor decepción de toda la gestión de Macri. Y considérese que hay muchas decepciones entre las cuales elegir, pero en proporción con la expectativa generada, el Plan Belgrano se impone por lejos.

Ocurre que el programa quedó en la nada. Todo se limitó a una campaña publicitaria sin contenido, sostenida en afiches y cartelería, que conforme transcurría el tiempo se tornaba indefendible hasta para los más fanáticos seguidores de Macri.

Cada uno de los nombres que alternativamente apareció vinculado a este plan, terminó ridiculizado por la inconsistencia de sus palabras. El primero fue el tucumano José Cano, un candidato a gobernador derrotado en el Jardín de la República por Juan Manzur, que luego lideró una campaña nacional para instalar el fantasma de un fraude electoral peronista, pilar de la campaña de 2015 que se apagó automáticamente cuando ganó Cambiemos.

Cano fue premiado como máximo responsable del Plan Belgrano y una de sus primeras acciones fue justamente visitar Catamarca, donde desplegó un show de promesas a futuro.

Cano paseó luego por toda esta parte del país, recibiendo proyectos y más proyectos de gobernadores e intendentes desbordantes de entusiasmo. Explicaba entonces que su labor inicial era recibir todos los pedidos para “evaluar, priorizar y ejecutar”. Traigan proyectos que plata va a sobrar, era el mensaje.

Pero nunca se superó la etapa de las palabras. Ante la falta de concreciones, la cortina de humo se disipó a gran velocidad.

En el Congreso de la Nación, se llegó a solicitar a Cano y a quien era jefe de Gabinete, Marcos Peña, que presentaran el desglose de las inversiones del Plan Belgrano para conocer dónde se habían invertido los 95.000 millones de pesos. El Gobierno jamás respondió. No tenía manera de hacerlo.

El Plan Belgrano se nutrió exclusivamente de dos actividades: un bombardeo publicitario a gran escala y la colocación de carteles propios en obras que ya estaban a punto de finalizarse.

Se daban situaciones insólitas. Por caso, aparecía el cartel del Plan Belgrano en la ampliación del Hospital de Niños, que ya estaba ejecutada en un 97 por ciento. O como referente del plan en la provincia, apareció Nicolás Lindow fotograándose en el Complejo Habitacional Valle Chico como si fuera una obra del Plan Belgrano, cuando ya miles de personas habitaban allí, con el agravante de que el propio Lindow había defenestrado el proyecto poco antes.

Después, designado al frente del plan en estos lares, Miguel Vázquez Sastre luchaba como un titán en declaraciones públicas tratando de defender el plan macrista, calculando inversiones millonarias inexistentes y asumiendo una batalla imposible contra la irrefutable realidad.

El final de la historia es conocido. El Plan Belgrano nunca fue más que una fantasía, una entelequia, una pieza de humor negro.

 

Res non verba

En la frustrada visita de Alberto Fernández a Catamarca, hace pocos días, estaba previsto el anuncio de importantes obras, cuyos presupuestos ya fueron determinados y aprobados. Son obras de gran impacto para Catamarca, contempladas en lo que se denominó Plan Nacional Argentina

Hace y que abarcará aquí a 15 municipios de la Provincia, con una inversión estimada de 3.450 millones de pesos.

Entre los trabajos gura el Sistema de Desagües Cloacales Valle Viejo y Fray M. Esquiú, el financiamiento de la obra Paseo Cultural y Religioso Virgen del Valle, la revitalización del circuito turístico del Dique El Jumeal, la construcción de nuevas Plantas de Tratamiento Cloacales en las localidades de Santa María, Tinogasta, Belén y Ancasti, la pavimentación de la ruta provincial Nº 1, en el Tramo Singuil – Aconqua, pavimentación de la ruta provincial N° 3 en el tramo Costa de Reyes al límite con La Rioja en el departamento Tinogasta; la ampliación en la Universidad Nacional de Catamarca y más obras de agua y saneamiento, infraestructura hídrica, accesibilidad y conectividad urbana y rural, y equipamiento social, que permitirán crear empleos locales con paridad de género.

Fondos asegurados sin tanto show ni propaganda, sin discursos ni poses para las fotos. Res non verba: hechos, no palabras.

Que finalmente se pueda avanzar con éstas y otras obras representa una gran noticia para los catamarqueños. Que se hayan comprometido esos recursos, aun en plena emergencia sanitaria, es una señal alentadora para quienes anhelamos y exigimos una administración nacional con auténtico sentido federal.

Cuando el trabajo se active no será el triunfo de un partido político, sino de todos los catamarqueños. Un acto de justicia, porque esta provincia, como sus hermanas norteñas, merece más que los viejos espejitos de colores que tantas veces les mostraron.

Fuente: El Esquiu (Catamarca)

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