El soterramiento del ramal, una obra que sigue detenida

Como cada vez que hay un accidente en el ramal Sarmiento surge nuevamente el debate sobre una de las obras más necesarias del ramal, pero, quizá, de imposible cumplimiento. El soterramiento de esa línea ferroviaria, que según los primeros anuncios del Gobierno debería estar prácticamente terminado, aún no ha comenzado de verdad.

La megaobra, que demandará según datos oficiales una inversión de 11.000 millones de pesos, ya lleva seis años de demora. ¿Cuál es el motivo? No hay dinero para solventar semejante cantidad de flujo de fondos.

El Consorcio Nuevo Sarmiento, conformado por las empresas Iecsa, Odebrecht, Comsa y Ghella, es el encargado de realizar la obra. En los principales despachos de las compañías hay desánimo: desde hace tiempo negocian el pago de alrededor de 200 millones de pesos que fueron prometidos para iniciar la construcción.

Inicialmente, y según los tiempos previstos en la propuesta original, la tuneladora bautizada Argentina -por la que el Estado pagó 40 millones de euros- completaría el tramo desde Haedo hasta Caballito en diciembre de este año, mientras que sólo dentro de 44 meses, en 2015, el soterramiento de todo el ramal reemplazaría a la actual traza de superficie desde Once hasta Moreno. Pero todos los plazos están vencidos. La tuneladora Argentina sigue detenida en una fosa en la estación Haedo. Pintada con los colores del Bicentenario, la máquina no arrancó jamás. Sucede que este tipo de herramienta no suele ser fácil de detener una vez que empieza a cavar. Por lo tanto, dicen los técnicos, si no está definido el flujo de fondos y la fórmula de actualización en un contexto inflacionario, no arrancará.

El proyecto no las tiene todas consigo. Sucede que el propio ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo, no está convencido de la necesidad de hacerla. De hecho, cuando pasó el área de Transporte a su ministerio, después de la tragedia de Once, se encargó de dejarla de lado. Con una resolución devolvió la ejecución de la obra a los pasillos de su antiguo dueño, el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido. En esa decisión dejó la ejecución en manos de AySA, la empresa estatal que da servicio de agua potable y saneamiento a la Capital Federal y a 17 partidos del Gran Buenos Aires. La excusa que se escuchó entonces fue que AySA tenía experiencia en túneles. Parte de eso es verdad, ya que las cañerías de la empresa son subterráneas. Pero no menos cierto es que una obra de semejante dimensión está muy lejos de los proyectos que alguna vez desarrolló la empresa.

La licitación fue adjudicada en 2008 por el Gobierno y, según los plazos originales, ya debería haberse terminado este año..

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